1 de marzo de 2022. Son las 11 y 50 de la noche. Acabo de enviar una Carta
al Director de Diario Expreso. Mientras termino esta pequeña obra, y con sueño,
pienso en lo que ha sido mi vida hasta hoy día. Y siento la satisfacción del
deber cumplido. Pienso en los seres humanos que han podido nacer, y rezo ante
los que no tuvieron ese privilegio.
Y pienso también en quienes se juegan la Vida Eterna, o la muerte eterna.
Sí, pienso en las personas que serán juzgadas por permitir o por actuar
directamente, en la eliminación del ser humano que no ha nacido.
Efectivamente, el Señor es Misericordioso, pero también la Justicia Divina
se manifiesta, cuando han eclipsado la vida de quienes tenían una misión en el
mundo. Ellos estaban destinados a realizar un encargo del Señor. Algo que solo
ellos, y nadie más que ellos, podían cumplir. Y los mataron. Sin
contemplaciones.
En el grupo que se arropa con la manta del homicidio del ser humano que no
ha nacido, están envueltos también los políticos, que con sus votos o con su
indiferencia al no vetar leyes injustas, se excluyen de la Vida Eterna, del
Cielo, de un Gozo tan grande, que no somos capaces de imaginar.
Entonces, en el Juicio que nos llegará a todos
nosotros, el Rey dirá a los de su derecha: “¡Vengan, benditos de mi Padre!
Hereden el reino que ha sido preparado para ustedes desde la fundación del
mundo”.
Y dirá también a los de la izquierda: “¡Apártense de mí, malditos!
¡Vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles!”.
Ya lo saben. No podrán decir: “Es que no conocíamos esto”. “Perdón Señor, perdón”, porque será muy tarde.
Siempre fueron advertidos. De muchas maneras, pero no hicieron caso.
Ustedes, que quieren ser soldados, no olviden la tríada: Convicción
firme, perseverancia y rezar.
Las tres armas para ganar la batalla, la verdadera Tercera Guerra Mundial, que
comenzó cuando se legalizó el aborto. Han muerto millones de seres humanos,
pero está en nuestras manos, que vivan millones de seres humanos.
La Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayudará en esta lucha. No olvidemos rezar, el Santo Rosario, todos los días.

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