lunes, 6 de marzo de 2023

En la ruta de la Vida: II. Antes.

El año 1986 se caracterizó por ser muy provida. A la par de las actividades, que consistían en charlas y artículos para la prensa, comencé a trabajar en la Unidad de Quemados del Hospital Luis Vernaza. No se puede comprender cuánto sufre el gran quemado. Su dolor es físico y espiritual, pero muy fuertes los dos.

Y aunque me preparé muy bien, mi vocación no era la Cirugía Plástica. Estar cerca del inmenso trauma de los pacientes quemados, me fortaleció. Allí trabajé 2 años. También colaboraba en Cirugía Reconstructiva, donde atendíamos principalmente a niños con problemas maxilofaciales.

En la Corporación, teníamos reuniones periódicas, pero comenzaron a salir del país quienes querían especializarse, o como en el caso de Ximena, que se fue vivir a Chile. El grupo quedó reducido.

Con los que permanecimos en el país, dimos charlas en colegios, y llevamos a la televisión ecuatoriana, por primera vez, lo que es considerado uno de los símbolos más importantes en la lucha provida: El documental, “El Grito Silencioso”, del Dr. Bernard Nathanson.

El Dr. Bernard Nathanson fue un médico norteamericano, que realizó más de 60.000 abortos. En su libro dice que se le conocía como “el rey del aborto”.  

A comienzos de los años 80, la nueva tecnología del ultrasonido comenzaba a utilizarse en el ámbito médico. El día en que Nathanson escuchó el corazón del ser humano en estado fetal en los ecosonógrafos, comenzó a plantearse “qué era lo que realmente estábamos haciendo en las clínicas de abortos”.

Reconoció su error, y en la revista médica The New England Journal of Medicine, escribió un artículo sobre su experiencia con el ultrasonido, reconociendo que, en el ser humano en estado fetal, existía vida humana desde el mismo momento de la concepción.

Dijo lo siguiente: “el aborto debe verse como la destrucción de un proceso que, de otro modo, habría producido un ciudadano del mundo. Negar esta realidad, es una evasión moral”. Había llegado a la conclusión de que no existía razón alguna para abortar: “el aborto es un crimen”, decía. Con el ultrasonido hizo un documental que llenó de admiración y horror al mundo. Se titulaba “El grito silencioso”. Nathanson abandonó definitivamente su antigua profesión de: “carnicero humano”.

Con medios audiovisuales, fuimos a muchos lugares, a transmitir este mensaje que no se había escuchado, el de la defensa de la vida humana del no nacido.

Escuelas, Colegios, Universidades, Hospitales, Empresas, Institutos, Parroquias, Grupos de jóvenes… Luego, y ya especializado en este tema, recorrí más lugares, y pude llegar a más personas. Me buscaban también de la Televisión, de la Radio, y de otros medios de comunicación.

Fueron años de mucho trabajo, hablando e instruyendo. Además, como manifesté, se unió también mi trabajo en el Diario, y mi labor como Profesor de Bioética, de la Facultad de Ciencias Médicas, de la Universidad Católica de Guayaquil. Posteriormente, entré como Director de Orientación y Médico, del Colegio Torremar.

Las obligaciones eran otras, pero nunca dejé de hablar por el no nacido. Ya no podía recorrer otros lugares, pero centré mi campo de acción en el Torremar y en la Facultad. Quería expresarme también con palabras escritas. Como ya no tenía El Telégrafo, comencé a enviar cartas a los Directores de los Diarios, especialmente a Diario Expreso, que me ha publicado más de 320 cartas. También me han publicado cartas, los Diarios El Universo y El Comercio.


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