El año 1986 se caracterizó por ser muy provida. A la par de las
actividades, que consistían en charlas y artículos para la prensa, comencé a
trabajar en la Unidad de Quemados del Hospital Luis Vernaza. No se puede
comprender cuánto sufre el gran quemado. Su dolor es físico y espiritual, pero
muy fuertes los dos.
Y aunque me preparé muy bien, mi vocación no era la Cirugía Plástica. Estar
cerca del inmenso trauma de los pacientes quemados, me fortaleció. Allí trabajé
2 años. También colaboraba en Cirugía Reconstructiva, donde atendíamos
principalmente a niños con problemas maxilofaciales.
En la Corporación, teníamos reuniones periódicas, pero comenzaron a salir del
país quienes querían especializarse, o como en el caso de Ximena, que se fue vivir
a Chile. El grupo quedó reducido.
Con los que permanecimos en el país, dimos charlas en colegios, y llevamos
a la televisión ecuatoriana, por primera vez, lo que es considerado uno de los
símbolos más importantes en la lucha provida: El documental, “El Grito Silencioso”, del Dr. Bernard
Nathanson.
El Dr. Bernard Nathanson fue un médico
norteamericano, que realizó más de 60.000 abortos. En su libro dice que se le
conocía como “el rey del aborto”.
A comienzos de los años 80, la nueva tecnología
del ultrasonido comenzaba a utilizarse en el ámbito médico. El día en que
Nathanson escuchó el corazón del ser humano en estado fetal en los ecosonógrafos,
comenzó a plantearse “qué era lo que realmente estábamos haciendo en las
clínicas de abortos”.
Reconoció su error, y en la revista médica The New
England Journal of Medicine, escribió un artículo sobre su experiencia con el
ultrasonido, reconociendo que, en el ser humano en estado fetal, existía vida
humana desde el mismo momento de la concepción.
Dijo lo siguiente: “el aborto debe verse como la destrucción
de un proceso que, de otro modo, habría producido un ciudadano del mundo. Negar
esta realidad, es una evasión moral”. Había llegado a la conclusión de que no existía
razón alguna para abortar: “el aborto es un crimen”, decía. Con el ultrasonido
hizo un documental que llenó de admiración y horror al mundo. Se titulaba “El
grito silencioso”. Nathanson abandonó definitivamente su antigua profesión de:
“carnicero humano”.
Con medios
audiovisuales, fuimos a muchos lugares, a transmitir este mensaje que no se
había escuchado, el de la defensa de la vida humana del no nacido.
Escuelas, Colegios, Universidades, Hospitales, Empresas,
Institutos, Parroquias, Grupos de jóvenes… Luego, y ya especializado en este
tema, recorrí más lugares, y pude llegar a más personas. Me buscaban también de
la Televisión, de la Radio, y de otros medios de comunicación.
Fueron años de mucho trabajo, hablando e
instruyendo. Además, como manifesté, se unió también mi trabajo en el Diario, y
mi labor como Profesor de Bioética, de la Facultad de Ciencias Médicas, de la
Universidad Católica de Guayaquil. Posteriormente, entré como Director de
Orientación y Médico, del Colegio Torremar.
Las obligaciones eran otras, pero nunca dejé de hablar por el no nacido. Ya no podía recorrer
otros lugares, pero centré mi campo de acción en el Torremar y en la Facultad. Quería
expresarme también con palabras escritas. Como ya no tenía El Telégrafo,
comencé a enviar cartas a los Directores de los Diarios, especialmente a Diario
Expreso, que me ha publicado más de 320 cartas. También me han publicado
cartas, los Diarios El Universo y El Comercio.

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