Si estamos unidos, todo resulta más llevadero. La pérdida de un ser querido, la falta de empleo, un revés económico, la enfermedad, las dificultades en determinado trabajo. Si nuestra familia está fuertemente consolidada, encontraremos el respaldo necesario, ese calor de hogar que hace que la angustia se transforme en esperanza, y el desánimo en optimismo.
Pero esa unión familiar, también debe reflejarse en los momentos gratos; cuando nos va bien en los negocios, en nuestra profesión, en la salud, en las actividades que realizamos.
Como vemos, en las alegrías y en las penas debemos estar unidos. Así, la carga se comparte, y resulta más agradable caminar por la vida con ánimo y paz interior. Y esto lo conseguiremos, en la medida que fomentemos en nuestra familia el respeto, la alegría, la fortaleza para resistir los problemas, y encararlos con la seguridad de que triunfaremos.
La familia que reza unida, permanece unida. Algunas veces nos olvidamos de Dios, y su presencia no se encuentra en nuestra casa. Preguntémonos si estamos orando con nuestra esposa y con nuestros hijos. Rezar el Rosario con nuestra esposa, es de una eficacia tal, que el Señor premia este acto de piedad con múltiples bendiciones. Tratemos de hacerlo, y veremos la eficacia de este medio de venerar a la Madre de Jesús, y Madre nuestra.
Que esta semana nos encuentre juntos: con fe en que podremos solucionar las situaciones adversas, y con satisfacción si nuestro camino se encuentra sin piedras ni obstáculos.
Saludos,
Mario.
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