¿Desde hace cuánto tiempo no conversa con su esposa -o esposo-, dedicándose mutuamente algunas horas (o aunque sean minutos), para hablar de ustedes?
Los temas de los que hablamos generalmente son los de siempre: los hijos, los compañeros de ellos, los profesores, las materias, los amigos que no andan tan bien…
Pero…, ¿y de ustedes?... De sus ilusiones, de lo que extrañan de antes; de salir a caminar -para que los 2 corazones funcionen bien- en la mañana o en la noche por su urbanización; de ponerse de acuerdo en muchas cosas; de buscar ayuda cuando se requiere de ella; de cuánto se quieren; de planear escaparse en algún momento a otra parte, ¿pero sólo ustedes?Romper la rutina… Conversar… Cogerse de la mano… Y de allí vamos comenzando a soñar. No es difícil. Y no es que ustedes no se quieran: ¡se quieren! Pero de repente sentimos que faltan esos pequeños ingredientes.
San Josemaría solía decir que los hogares deben ser “luminosos y alegres”, lo cual no significa que nunca aparezca alguna pequeña nube que oculte parcialmente esa claridad, pero hacia allá debemos llegar.
Entonces, quien lea el mail primero, deberá sonreír y entrar -o esperar dentro de ella- con los brazos abiertos a la casa, a buscar a su cónyuge. Y mañana también…, y que no paren esos gestos de amor.
Saludos,
Mario.
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