lunes, 6 de marzo de 2023

En la ruta de la Vida: I. El Mensaje.

Cuando comienzo a escribir este libro, me encuentro con un cáncer de próstata con metástasis ósea. Pero, a pesar de este diagnóstico sombrío, me encuentro optimista, alegre y con deseos de seguir aportando en esta ruta por la que camino, aunque sea a paso lento.

Comencé en esta lucha por la defensa del no nacido, en el año 1986. Junto a un grupo de amigos: Marcelo Pólit, Carlos Heras (+), Ximena Chávez, Leonardo Verduga, Eduardo Joutteaux, Roberto Robles, Priscilla Loor, fundamos la Corporación Defendamos la Vida.

Al comienzo, nuestras actividades se concretaban en charlas que dábamos en los Colegios. Tocando de puerta en puerta, lográbamos dar nuestro mensaje a favor de la defensa de la vida del no nacido.

Logramos que se pase por televisión, por primera vez en el Ecuador: “El Grito Silencioso”, donde se ve, por imágenes en el ecosonógrafo, cómo se elimina a un ser humano, dentro del útero de su madre.

En quiénes participábamos activamente en estas actividades, había algo que nos caracterizaba, y era: la convicción. Estábamos muy seguros, de lo que manifestábamos y hacíamos. Esto se reforzaba con horas de estudio e investigación.

Pero luego el grupo se disolvió, ya que cada uno escogió su especialidad, y se dedicaron a ella con mucha responsabilidad.

Yo también escogí mi especialidad: La defensa de la vida del no nacido. Es decir, desde el año 1986 hasta la actualidad, continúo en la misma actividad. No pasó mucho tiempo, y en el año 1991, entré a trabajar a la Universidad Católica, como Catedrático de Ética Médica de la Facultad de Ciencias Médicas.

Era una oportunidad de oro, para sembrar en mis alumnos criterios bioéticos que les permitieran afrontar de una manera científica y ética, los desafíos que se presentaban.

Las charlas a los Colegios continuaban, y se extendían a otras instituciones.

A la par, había descubierto que tenía la facilidad de escribir, y comencé a enviar artículos, sobre todo a Diario El Telégrafo, en donde por más de 20 años, se publicaron 707 artículos, de temas de Orientación Familiar y Bioética. También había obtenido el título de Orientador Familiar, por la Universidad de Navarra.

Y vinieron programas de televisión: entrevistas y participaciones en calidad de panelista. Siempre lo hice a pesar mío, es decir, no me gustaba aparecer en público, algo que mantengo hasta los actuales momentos. Pero no solamente que no me gustaba, sino que tenía pánico escénico cada vez que me dirigía al público.

Pues bien, ahí estaba. Me buscaban…, y allí estaba yo, aunque el miedo me superase. Realmente, no sé cómo lo hice.

Escribí 3 libros, siempre en la misma línea. El pedido para charlas aumentaba, los artículos en la prensa se publicaban, las clases seguían…, sin poder apartar de mí el sufrimiento de pararme ante las personas que me escucharían.

Me han dicho que nunca se notó mi nerviosismo; que antes, al contrario, parecía que dominaba el escenario. No era así, pero yo tenía que llevar un mensaje. Para eso estaba aquí en este mundo, y esa era la misión encomendada.

Siempre he dicho, que en esta lucha que llevo desde hace 36 años, he sido un soldado raso. Nunca me interesó ser General o Almirante; lo mío ha sido estar en la trinchera, y si alguien me preguntara dónde me gustaría permanecer en esta guerra ideológica contra la cultura de la muerte, diría lo mismo: en el campo de batalla.

Y si también me preguntaran: ¿qué se debe hacer para perseverar en esta lucha contra los que no quieren que nazcan seres humanos?, manifestaría: Tener una firme convicción, a prueba de todo. No se puede pactar con un enemigo que destruye al ser humano, que está en el vientre de su madre.

No se puede decir que se es provida, y aceptar que los abortos se permitan hasta las 6 a 12 semanas. No. A las 6, a las 12, a las 20, a las 28 semanas, ya es un ser humano, que comenzó a vivir desde el mismo instante de la concepción o fecundación.

Si se negocia con el enemigo, este encontrará como introducirse en la sociedad, dañando las conciencias. En todos estos años, nunca he pactado con el enemigo. Aunque tuviera todas las de perder.

La vida me ha enseñado que, aunque te digan que en un año legalizarán contra viento y marea el aborto, siempre hay que tener la firme convicción de que, en esos 12 meses, tenemos que salvar la mayor cantidad de seres humanos que podamos.

De la manera en que se pueda: hablando, escribiendo, dirigiéndose hacia los medios de comunicación, apareciendo en redes sociales, en fin, en todo lo que se pueda, con tal de salvar al ser humano que no ha nacido. Ni el cansancio; ni el hambre, ni la sed; ni el frío, o el calor; ni las ganas de no estudiar, ni el sueño; ni la vergüenza o el miedo. Pensemos que siempre lo hacemos por ellos; por los seres humanos en estado embrionario o fetal.

Con los estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica, me unen lazos que no se podrán romper jamás. Son cientos de alumnas y alumnos, los que han pasado por la materia que ha cambiado de nombre. Comenzó como Deontología Médica; luego se llamó Ética Médica y ahora se denomina Bioética.

A ellos nunca les fallé. ¿Y el miedo escénico? En algunas ocasiones era una especie de pánico que sentía, especialmente en los temas de controversia. Pero tenía que dictar la clase, y me dirigía con miedo escénico, y daba la clase con miedo escénico. Creo que mis alumnos de Ética Médica, o Bioética, nunca lo notaron.

Siempre me gustó innovar. Trataba de aplicar la tecnología pedagógica que en ese momento se usaba. Y los 6 temas que trataba en 1991, se convirtieron en casi 30 temas, en el 2022. De las diapositivas con el carrusel, hasta la metodología actual, ha pasado mucho tiempo. Les repartía folletos al final de la clase, o cualquier tema científico que tuviera que entregarles.

Clases magistrales; con videos; documentales; películas para debatir; talleres; temas para reflexionar; invitados especiales; trabajos en clase con material seleccionado; exposiciones; elaboración de documentos; innovar, innovar, innovar.

Mucho respeto con mis alumnas y alumnos, lo cual me llevaba a preparar con gran esmero mis clases. Ojalá que les hayan servido, para ser mejores médicos…, mejores seres humanos.

En los diarios. Primero en El Telégrafo, luego aportando con cartas que se publicaban en el Expreso, Universo y Comercio. Tratando de complementar la formación de cientos de lectores. Temas de Bioética y de Orientación Familiar. Con un formato corto, continúo enviando a los diarios. Son más de 400, las cartas publicadas.

¿Y con las intervenciones orales?... Para todos los estratos sociales. Preparando y preocupándome personalmente porque todo esté listo para hablar de la Vida. Para todos, argumentos científicos; para todos, medios audiovisuales. Intervenciones en conferencias, clases en colegios y en universidades. A los mandos altos de empresas, y también a los obreros. Un amigo me dijo alguna vez que nunca busque aparecer, pero cuando me pidan que hable, tengo que hacerlo. Aprovechaba todo evento en el que tenía que participar, para hablar de la Vida. Con oportunidad, y también sin ella.

Dicen que hay que dar hasta que duela…, y esto, es una gran verdad.  Pero yo añado: Hay que dar, aunque nos duela. Ninguna limitación física puede tomarse como pretexto, para no llevar conocimientos a tantas personas a las que nadie les ha hablado de un ser humano que debe ser respetado: el que está en el útero de su madre.

 

Mis alumnos del Colegio Torremar, también han recibido clases del respeto al Derecho a la Vida desde la concepción. Muchos años brindando criterios a tantos y tantos estudiantes; a los profesores; al personal de Mantenimiento y de Servicios.

Hay que adquirir conocimientos; por lo tanto, hay que estudiar; pero son cimientos básicos la perseverancia y la convicción firme. Son lo más importante, para una persona que quiere iniciar esta labor de preocuparse porque se respete el Derecho a la Vida desde la concepción. Y también para quien quiera seguir en la ruta de la Vida.

Pero lo que da vida, y nos permite seguir en esta dura batalla es la Oración. Expresada de diferentes maneras. Para una persona que trabaja por la vida del no nacido, es indispensable rezar el Rosario, todos los días. A la cultura de la muerte, sólo se la puede vencer, rezando. Y sentirse hijo de Dios, a cada instante.

Sin una vida espiritual seria y constante, difícilmente se podrá seguir en esta dura, durísima actividad.

Hay que evitar, aprovecharse de esta lucha, para figurar.

Y en este lindo trabajo conocí a mi esposa, Yolita, un verdadero regalo de Dios. Le di charlas, cuando yo comenzaba a dictarlas en los Colegios. Por una actividad provida…, la conocí. No pasó mucho tiempo, y nos casamos.

Y qué importante es, cuando sentimos el apoyo de nuestra esposa -y en el caso de las señoras- de su esposo, al realizar este trabajo. Desde el año en que nos casamos, siempre he sentido su voz alentándome, motivándome, y alegrándose después de cada intervención.

Lógicamente, esta enfermedad limita, y por esto, voy a retirarme de la Cátedra de la Católica, muy a mi pesar (la verdad es que me cuesta mucho). Le di vueltas al tema. Consulté con mi esposa, con mis hijos, con amigos cercanos. Todos coincidieron en lo mismo: apoyaban mi decisión.

¿Mi actividad provida? Esta seguirá hasta que muera, pues, aunque no pueda caminar mucho, y tenga que movilizarme con cuidado, mis dedos están intactos y puedo escribir; recibir en mi oficina a quienes necesiten hablar conmigo, y realizar otras actividades más.

De algo tienen que estar seguros: Aunque legalizaran el aborto en todo el mundo, nuestra lucha está salvando, ahora, a cientos de miles de seres humanos.

No podemos ablandarnos, peor sentir miedo, y ni siquiera pensar en hacer pactos con el enemigo, porque el enemigo lo quiere todo. No descansará nunca, pero también nosotros estaremos preparados y actuando.

¿Las armas? Convicción firme, perseverancia y rezar. Y estar siempre en la trinchera, como un soldado raso, que no busca estrellas ni condecoraciones. Siempre, acuérdense de esto: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Especialmente cuando tengan miedo o vergüenza, de aparecer en público.

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