De regreso a casa
Nos imaginamos
cómo sería el regreso de los Reyes Magos a sus lejanas tierras. Conversar y
conversar. Recordar y recordar. Emociones y añoranzas. El Niño, María y José.
La casa pequeña y acogedora, alumbrada por un gran brillo. La hospitalidad de
la Virgen, brindando alimentos y calmando la sed de los viajeros agotados.
La Madre de
Jesús tendría que haberles contado muchos detalles del nacimiento de su Hijo.
Quizá también de la Anunciación. Y esto, cambió su vida. Su vocación de sabios
se transformó repentinamente. Llevarían un mensaje de paz, de alegría, de una
renovación de vida para quienes los escucharan.
Han pasado
miles de años, y aún su mensaje llega a nosotros. Se los recuerda todos los
años. Sus imágenes están perennizadas en las representaciones de los
nacimientos. Su esfuerzo y tenacidad para llegar al lugar donde lo adorarían; su
humildad; su fe; su esperanza…; su caridad y generosidad, han transformado
muchos corazones.
Los Reyes Magos inician un camino nuevo. Dejaron la contemplación de las
estrellas, y se postraron ante el Creador del universo. Reconocieron en Cristo
al Niño (por eso el regalo de la mirra para la sepultura de los mortales); al
Rey del universo (le obsequiaron oro), y a Dios (ofrenda del incienso, signo de
adoración).
Pidamos constantemente a los Reyes Magos que tengamos presente al Señor,
que ya no se encuentra en Belén, sino en el Sagrario. Que lo visitemos, como
ellos lo hicieron. Que lo alabemos, lo adoremos, le agradezcamos, y le pidamos
por nuestras necesidades.
Saludos,
Mario
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