¡Papá!,… ¡Mamá!...
Al principio lo dicen fuerte, animados, sonrientes. Luego, el ánimo va
decayendo, y finalmente…, esa llamada casi no se escucha. Son los hijos que
buscan a su papá y a su mamá para contarles algo, para pedirles algo, o
simplemente para sentir la mano que se pose sobre su hombro, o para recibir un
beso sincero, espontáneo, cariñoso…, y no lo encuentran.
Son los hijos, cuyos padres siempre tendrán una excusa: “es que, estoy
ocupado”; “es que, tengo tanto que hacer”; “es que estoy cansado o cansada”;
“es que…, es que…, es que, …”. Y ese tiempo precioso en el que se podía estar
con los hijos, cuando buscaban nuestra compañía, ya no volverá.
Qué esperamos, ahora que son pequeños, para dejar nuestro cansancio a un
lado; para prestarles atención cuando nos hablan; para dedicarles tiempo, pero
mucho tiempo. Es absurdo escuchar la famosa frase: “es que yo a mis hijos, les
doy calidad de tiempo”. ¿Cuánto es “calidad de tiempo”? ¿Cinco minutos…, diez
minutos? Es injusto dedicarle a un hijo 15 minutos, cuando lo que necesita es
una hora, para desahogarse con nosotros.
A los hijos hay que darles: cantidad de tiempo; es decir, lo que ellos
necesiten para sentirse satisfechos de una conversación, o para disfrutar de un
momento ameno con sus padres.
Si usted conoce a padres “muy ocupados”, hable sobre el tema. Que
reflexionen. Quizá sus hijos son pequeños, y se puede cambiar cualquier
situación familiar, que no se la está viviendo adecuadamente. Tenga el
convencimiento, que los ayudará mucho.
Saludos,
Mario
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