A su imagen y semejanza
Jesús tomó la forma de un pequeño
ser humano cuando fue concebido, por obra y gracia del Espíritu Santo. De
pronto, su corazón comenzó a latir; se fueron formando poco a poco sus órganos;
ya se podía mover, y pronto llegaría el momento de nacer.
Mientras tanto, permanecía en el vientre de la Virgen María; una doncella
que había dicho ¡Sí!, a la propuesta del Arcángel Gabriel. Exactamente igual a
todos los seres humanos en estado fetal, que se encuentran retozando en ese
líquido, en el que permanecen mientras dura la gestación.
Así estuvo Jesús en el cuerpo de su Madre. Hecho a imagen y semejanza de
Dios. Esperando el momento en que ocurriera el milagro más grande en la
historia de la humanidad: Su nacimiento.
¿A cuántos seres humanos se les impide, diariamente, seguir creciendo
dentro de sus madres, evitándoles salir, para que sientan el aire que roza su
piel? Cientos, miles, millones. Los gobiernos de muchos países legislan a favor
de la muerte de estos pequeños inocentes, sin importarles que el mismo Dios se
encarnó, y fue exactamente igual a estos seres que son eliminados, por
decisiones injustas.
Si usted, mamá embarazada, quiere saber cómo era Jesús, mientras estaba en
el seno de su Madre, basta con ver las imágenes que se proyectan mientras le
hacen un eco, en la consulta del especialista.
Si usted, mamá embarazada, conoce el caso de alguna mujer, que acudirá a una persona, para que acabe con
la vida de su hijo, llévela a un lugar donde pueda escuchar los latidos fuertes
del corazón del bebé, y vea en la pantalla a un pequeño ser que se mueve, gira,
se chupa el dedo, como lo hizo Jesús, hace más de dos mil años.
Y explíquele que ese hijo, que lleva en sus entrañas, lo ha formado el
Señor..., a Su imagen y semejanza.
Saludos,
Mario
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